Partiendo desde Nuevo Tingo, a Kuélap se sube en un teleférico, que tarda unos 20 minutos en ascender los cuatro kilómetros hasta la cresta de La Barreta que preside el valle. El emplazamiento de la ciudadela a 3.000 metros de altitud (más alta que Machu Picchu) demuestra la preferencia de los chachapoyas por construir en lugares fáciles de defender. Una vez allí hay que estar preparados para una subida de un kilómetro por escalones de piedra para llegar al extremo sur del complejo. Una muralla casi inexpugnable de 20 metros de altura construida con enormes losas calizas de dos metros de espesor rodea toda la ciudad, con solo tres entradas con forma de embudo que se estrechan de dos metros de anchura a solo 70 centímetros: un ingenioso ardid defensivo que obligaba a entrar en fila.
El reino de los Chachapoyas: el Valle del Utcubamba
A los chachapoyas se les conoce como el “pueblo de las nubes”. Por su ubicación y por fortificaciones como Kuélap, a los incas les costó trabajo conquistarlos. Lo fascinante de este yacimiento es que las excavaciones no empezaron en serio hasta la década de 1990 y, por el momento, solo se ha estudiado el 20%. En 2025, el Gobierno peruano ha invertido cerca de dos millones de dólares en trabajos de excavación y conservación, lo que promete que saldrán a la luz muchos más datos.